domingo, 7 de noviembre de 2010

Paula Santiago

Paula Santiago
 Nació en Guadalajara en 1969. A los 21 años, se fue a París donde realizó estudios de literatura francesa e historia del arte  en la Sorbonne, además, complementó su formación con cursos y seminarios de pintura y dibujo. En 1996, ganó la residencia en la ArtPace Foundation for Contemporary Art en San Antonio, Texas.
 Durante los siguientes cinco años, trabajó en sus piezas la cera y el papel arroz como soporte y en su búsqueda por innovar la creación artística recurrió a muy diversos materiales, en algunos casos sumamente personales, como su propia sangre y cabello, ampliando las fronteras del arte, en donde ella se confunde con su propia creación artística. Esto hace de ella una artista de enorme singularidad, que provoca muy diversas reacciones del público,  siendo sin duda, una vanguardista de nuestros tiempos.
 Las 17 piezas que incluye esta exposición, son representativas de la trayectoria de esta artista tapatía, realizadas entre 1996 y 2002, cada una forma parte de una serie presentada en una exposición previa en México y en el extranjero.
 Las obras de Paula Santiago, son una exploración de la vida. Una propuesta para observar y redescubrir nuestras emociones, nuestras sensaciones y nuestros espacios internos. Su trabajo da la posibilidad de establecer un vínculo con personas que ya no existen, a partir del pensamiento, ofreciendo así una reflexión sobre el tiempo y la memoria.
 Precisamente, una de las características primordiales en su obra es su poder de evocación, dando nueva lectura a objetos distintos como: ropones, huipiles, un yelmo, un pectoral y otras figuras orgánicas, que son considerados por la artista como objetos rituales que en algún otro momento pertenecieron, por ejemplo, a un guerrero o a un bebé, mismos que ahora recrea con cera y papel arroz y en los cuales imprime huellas de sangre, como un elemento íntimo, receptor y transmisor de información que la obra posee.
 Jorge Contreras, curador del Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey y de esta exposición, dice de Santiago: su trabajo es la recuperación de un tipo de mirada capaz de comprender las distintas maneras de apreciar nuestras emociones, incluso sin la posibilidad ni la necesidad de describirlas, una mirada capaz de recuperar el deseo de vivir de nuevo.
 Quizá sea posible encontrar los vínculos secretos entre las cosas, quizá sea posible vivir en un mundo donde cada día podamos disfrutar con serenidad la sorpresa de experimentar nuestras emociones; donde cada paso, incluso los de la tristeza y la angustiasean una afirmación de vida, concluye el curador.

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