sábado, 7 de enero de 2012

El Dasein y sus posibles (1 de 3)

¿Qué es el Dasein?

Afinidades. Con mi sobrino Dorian.

«EXISTENCIALISMO»

Aproximación al pensamiento de Heidegger
Del libro: RAFAEL GAMBRAHistoria sencilla de la Filosofía
21ª edición, Rialp, Madrid 1996, pp. 227-229.


EL CONCEPTO DE «EXISTENCIALISMO»

El. concepto de existencialismo puede entenderse de modos diferentes, según la mayor o menor amplitud con que se lo tome. En un sentido amplísimo, es existencialista toda filosofía que admita y reconozca la existencia como algo diferente de la esencia. En este sentido la filosofía antigua y la escolástica son existencialistas, y deja sólo de serlo la filosofía del racionalismo y del idealismo.

En un sentido más concreto, Se dice existencialista al pensamiento que encuentra su punto de partida y su motivo inspirador en esa percepción de la existencia como algo dado, misterioso e irreductible a la esencia. Se advierte en él una intención negativa respecto del frío esencialismo de los sistemas racionalistas. En este sentido, toda, o casi toda, la filosofía de nuestros días es existencialista, pero a muchos de los sistemas actuales la existencia les sirve sólo de punto de partida para buscar después una trascendencia (un ir más allá), sea en el terreno religioso o en el metafísico. Tal es el caso de Jaspers, de Berdiaeff, de Marcel..., tal era el del propio Kierkegaard.

Pero puede entenderse en un tercer sentido, más estricto, el existencialismo: el de aquellos sistemas filosóficos para los que la existencia [humana] no es sólo el punto de partida y el motivo inspirador, sino el campo en que se moverán siempre, sin trascenderlo o salir de él en ningún momento. Tal es el caso del filósofo alemán Martín Heidegger y de varios franceses (Sartre, Camus, etc.), que se consideran como lo más característicamente existencialista y el producto típico de su época. Uno y otros (el alemán y los franceses) representan las dos caras de una filosofía que afirma sólo lo concreto y existente, la existencia sin trascendencia.

HEIDEGGER (1889-1976)

Opina que la primera misión de toda filosofía es aclarar «el sentido del ser», lo que significa «ser». Kant partía para su sistema de un análisis de la ciencia, de la posibilidad de los juicios en la ciencia. Pero Heidegger encuentra que la ciencia es un hacer del hombre, es decir, algo que tiene el modo de ser del hombre que la hace. Más aún, según Heidegger, ya desde Platón el hombre occidental no se somete al ser, sino que somete el ser a sí mismo y lo reduce a representaciones hasta hacer del mundo imagen. Así, el hombre postplatónico occidental dice que conoce cuando posee «e-videncia», es decir, visión, retrato, «eidos». Esto constituye, según él, un descarrío intelectual. El hombre preplatónico conocía en cuanto estaba atento al ser (especie de unión intuitiva o mística), y el hombre medieval cristiano conocía en cuanto que era y se sentía criatura. Ni uno ni otro, según Heidegger, redujeron el ser a la condición de objeto convocado a la presencia del hombre.

La realidad primaria, donde el ser se capta con su sentido original, es lo que Heidegger llama el «Dasein». «Dasein» es una palabra alemana que, por difícilmente traducible, se suele transcribir en todos los idiomas. Significa «ser-ahí», y, en definitiva, se refiere al hombre como «arrojado a la existencia», ser que existe en el mundo y actúa sobre las cosas, que tienen, ante todo, el sentido de instrumentos del Dasein. La filosofía, según Heidegger, no puede ser más que una analítica e interpretación del Dasein.

No es posible trascenderlo hacia un mundo ideal o religioso porque todo género de ideas o de cosas se halla implicado, inserto, en él mismo.


Este análisis del Dasein descubre, ante todo, la contingencia de su ser. El Dasein aparece inexplicablemente en la realidad, sobrenada durante su vida en el poder-no-ser, esto es, suspendido sobre la nada, y, entre sus muchas y fortuitas posibilidades, sólo una es necesaria: el morir. El Dasein es un «ser para la muerte» (Sein zum Tode).

Dentro de esta estructura fundamental en la que, según este análisis existencial, se mueve el Dasein, se registran dos modos opuestos de actuar, de enfrentarse con la realidad: la que Heidegger llama «existencia inauténtica» y la «existencia auténtica». La primera -la inauténtica- es un entretenerse con las cosas, un entregarse a la trivialidad de las relaciones sociales o de los placeres estéticos, un olvidar la profunda tragedia de la existencia. La auténtica, en cambio, es un abrazarse con la angustia, un vivir consciente de la tragicidad del existir, una presencia constante del destino último de la existencia: la nada, a través de la muerte.

El existencialismo heideggeriano tiene una doble significación en la historia del pensamiento:

-por una parte constituye un reconocimiento del fracaso final de la concepción racionalista e idealista, es decir, el descubrimiento de la contingencia y la finitud en el ser que nos es más directa e inmediatamente conocido: el Dasein.

-Pero de otra, responde al postulado general de la filosofía moderna, que

exige al hombre bastarse a sí mismo, no apoyarse en un mundo de realidades superiores, en un orden sobrenatural


En resumen, esta filosofía concluye: «efectivamente, el hombre no es el absoluto esencial y centro de la realidad que creyó el racionalismo, pero, aun contingente y limitado, es lo único que existe, y tras de él nada hay».

La analítica del Dasein conduce a una situación de inexplicabilidad y de desesperación: la realidad es, simplemente, el hombre finito lanzado a una existencia incierta y sin sentido, sosteniéndose sobre la nada, y abocado fatalmente a la muerte. Existe para cada hombre, sin embargo, una posible salvación: aceptar la propia situación, dar un enérgico sí a los hechos y autoafirmarse por la acción y por la lucha.

Puede reconocerse una influencia de esta filosofía en la actitud de la juventud alemana en las filas del nacionalsocialismo durante la última guerra mundial. Actitud desengañada, escéptica, respecto a valores universales, pero que, por un enérgico voluntarismo, afirma y deifica su propia existencia colectiva -la raza y el Estado germánico, y se entrega desesperadamente a una lucha de la que esperaba ver surgir su propio ser y el sentido de su vida.

He dicho que este existencialismo alemán constituye sólo una de las dos caras del existencialismo. Es la aceptación de la contingencia y de la finitud, y su superación por un vivir en presencia de la muerte: filosofía de tragedia y de desesperación. El reverso, en cambio, tiene algo de irreflexivo y hedonista: el existencialismo interpretado por los filósofos y literatos franceses de la posguerra...
Gentileza de www.arvo.net para la
BIBLIOTECA CATÓLICA DIGITAL


miércoles, 16 de noviembre de 2011

Alberto Heredia






Durante más de treinta y cinco años, su obra quiso ser la cuña de una sociedad adormecida; un despertador de conciencias ácido y desprejuiciado que martillaba sin piedad con obras incómodas y técnicamente irreprochable. Su obra crítica, despiadada y sin concesiones estaba hecha con la materia de la vida misma, objetos cotidianos y perecederos.


"A la gente no le gusta que le muestren sus fantasmas", le dijo al crítico Raúl Vera OcampPero Heredia se empecinó en mostrarlos. 

Alberto Heredia “Los amordazamientos”



En “Los amordazamientos”, las prótesis dentales se transforman en bocas que gritan, muerden o son silenciadas con viejos trapos. Monumentos como el de “San Martín”, la estructura alegórica de las construcciones estatuarias de mármol y bronce se transforma en una estructura de madera sujetada con telas, en la que se entroniza el prócer. Toda la pieza está momificada a través de telas con esmalte rojo. Estas obras evidencian que, para Heredia, cualquier material sirve y, otorgándole un sentido de vida-muerte, ironía y miedo, reflexionan sobre el hombre y su acontecer.

Alberto Heredia
Varios trabajos de esta época se agrupan bajo la denominación Monumentos. Las esculturas aluden a las tradicionales construcciones para perpetuar el recuerdo de los héroes nacionales. El tema de una de ellas, realizada en 1974, es el arquetipo convencional de una figura ecuestre. Sobre un animal de juguete, cuya base de varillas curvas permiten el "arre-arre" de los niños, coloca el personaje "momificado" con vendajes pintados con esmalte rojo, que extiende su enorme brazo izquierdo para apuntar hacia el horizonte.
Sin título, collage sobre papel (1967), 22x15 cm.
Expuesta en el Centro Cultural Borges Alberto Heredia, por cinco coleccionistas, noviembre 2003
El conjunto de casi tres metros de altura, está colocado sobre una estructura de grandes dimensiones que remite a un andamiaje con tablones superpuestos de manera irregular, sujetos con ataduras de tela. La construcción está pintada de rojo, igual que el conjunto ecuestre (es evidente que remite al monumento al general San Martín, emplazada en Buenos Aires; pero para disimular su sentido, en épocas de censura, fué conocida como El hombre del brazo de oro, título de un filme famoso)
Ricky y el pájaro
acuarela y lapiz sobre papel(1976), 25x33 cm
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Ex colección Jacques Martinez. Expuesta en el Centro Cultural Borges Alberto Heredia, por cinco coleccionistas, noviembre 2003
Serie Ricky y el pájaro
acuarela y lapiz sobre papel,24x34 cm
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Ex colección Jacques Martinez.

En 1976, inspirado por alguna escena cortesana de cetrería (caza con halcones enseñados a perseguir y matar la presa), creó Riky y el pájaro. Este personaje metamórfico, con cabeza de terrible ave de rapiña, con botas de goma y harapos por vestimenta, puede ser tanto una metáfora de la realidad como una historia de de la crueldad. Durante el mismo año exhibió los dibujos de las series Riky y el pájaro y El caballero de la máscara.



Ricky y el pájaro
acuarela y lapiz sobre papel(1976), 25x34 cm
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Ex colección Jacques Martinez. Expuesta en el Centro Cultural Borges Alberto Heredia, por cinco coleccionistas, noviembre 2003
Camiseta, técnica mixta (1980),75x46x9 cm.
Expuesta en junio de 1980 en Galería Arte Nuevo. Los muebles y los calzoncillos de Alberto Heredia..
Slip, técnica mixta (1980), 46x47x8 cmExpuesta en junio de 1980 en Galería Arte Nuevo. Los muebles y los calzoncillos de Alberto Heredia..
Hacia fines de la década de los setenta trabajó en las alegóricas de diversos grupos sociales con los viejos muebles deteriorados. Uno de estos muebles, Roperito de la familia obrera, se distinguel por la pintura plateada, enfáticamente kitsch que la recubre y por los objetos que se guardan en sus estantes: mate, calentador, delantal de cocina, platos y otros humildes utensilios El plateado de grueso espesor inunda la serie integrada por obras como Slip y Camiseta, que expuso en 1980.

Desde 1981, con La sillita, inicia otra serie notoriamene crítica. La silla se convierte en trono, símbolo del poder, del enaltecimientoI, sobre el cual personajes investidos de horrenda grandeza parecen empeñarse en la desmoralización sistemática de sus subordininados, en la demoledora empresa de menospreciar los valores, de desterrar la moral. Los personajes acéfalos, rutilantes de tonos; metalizados, ostentan su falso prestigio sin pudor; se trata del tiempo de la engañifa degradante del poder devorador que el artista denuncia lúcidamente.
Cajas palabras,acuarela y lapiz sobre papel(1976), 29x19x15 cm.
Ex colección Daniel Martinez. Publicada en Alberto Heredia, Retrospectiva, Museo de Arte Moderno, noviembre 1998, p.103
Estudios, tinta y lápiz colorsobre papel(1976), 25x35 cm.
Expuesta en el Centro Cultural Borges Alberto Heredia, por cinco coleccionistas, noviembre 2003


Alberto Heredia recibió en 1981 el Merit Award (Premio al Mérito) del Gran Premio de escultura Henry Moore, en The Hakone Open-Air Museum of Sculpture de Tokio. El Museo de Arte Moderno de Buenos Aires organizó en 1998 una gran retrospectiva de su obra. Fue el último homenaje. Dos años más tarde falleció en Buenos Aires, la noche del domingo de Pascuas, poco después de celebrar sus setenta y cuatro años.

sábado, 5 de noviembre de 2011

LAS 7 LEYES ESPIRITUALES DEL ÉXITO DEEPAK CHOPRA 1994



Toda la creación, todo lo que existe en el mundo físico, es el producto de la transformación de lo inmanifiesto en manifiesto. Todo lo que contemplamos viene de lo desconocido. Nuestro cuerpo, el universo físico - todo lo que podemos percibir por medio de los sentidos - es la transformación de lo inmanifiesto, lo desconocido e invisible en lo manifiesto, lo conocido y lo visible.

El universo físico no es otra cosa que el yo plegado sobre sí mismo para experimentarse como espíritu, mente y materia física. En otras palabras, todos los procesos de la creación son procesos por medio de los cuales el yo o la divinidad se expresa. La conciencia en movimiento se mani- fiesta a través de los objetos del universo, en medio de la danza eterna de la vida. La fuente de toda creación es la divinidad (o el espíritu); el proceso de creación es la divinidad en movimiento (o la mente); y el objeto de la creación es el universo físico (del cual forma parte nuestro cuerpo).

Estos tres componentes de la realidad - espíritu, mente y cuerpo, u observador, proceso de observación y observado - son básicamente la misma cosa. 

Todos provienen del mismo sitio: el campo de la potencialidad pura, puramente inmanifiesto. Las leyes físicas del universo representan en realidad todo este proceso de la divinidad en movimiento o de la conciencia en acción. Cuando comprendemos estas leyes y las aplicamos en nuestra vida, todo lo que deseamos puede ser creado, porque las mismas leyes en que se basa la naturaleza. para crear un bosque, o una galaxia, o una estrella o un cuerpo humano, pueden convertir en realidad nuestros deseos más profundos. 

Existen siete leyes espirituales del éxito y una manera de aplicarlas en nuestra vida.